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El sueño más dulce DORIS LESSING Ediciones B, Barcelona, 2002. 515 págs. |
Desde que publicara en 1962 El cuaderno dorado, la británica Doris Lessing (1919) se mostró como una escritora capaz de escribir, desde una clara posición de izquierdas, sobre una realidad que nadie en aquel momento se atrevía a abordar, y que tenía que ver con las ilusiones perdidas de una clase intelectual que soñó con cambiar el mundo y transformar la sociedad, y que terminó dándose cuenta de que sus esfuerzos no habían sido especialmente brillantes. Desde entonces, sus libros son recibidos como un testimonio lúcido y honesto del devenir de ese sueño transformador. Tras publicar dos libros autobiográficos, la autora ha optado por la novela para abordar el análisis de la segunda mitad del siglo veinte, y en El sueño más dulce traza las coordenadas de ese tiempo con el mismo brío e idéntica sinceridad.
La novela comienza poco después del estallido de la Segunda Guerra Mundial. El rico y mimado Johnny Lennox se casa, en pleno comienzo de la guerra, con Frances, que cuenta, como él, alrededor de los veinte años. Acabada la guerra, Johnny dedica su tiempo al partido comunista, mientras la deja a ella cuidando de sus dos hijos en un mugriento apartamento y con escasos recursos, y la abandona por otras compañeras más jóvenes.
Frances acabará aceptando vivir en la gran casa que la madre de Johnny, viuda, ocupa en el centro de Londres, y se abrirá camino como periodista. La novela se desarrolla en su mayor parte en esa casa que albergará a varias generaciones, y, en ese espacio, la autora construye el germen de la visión del mundo de una generación, entonces adolescente, a través del proceso de educación que reciben, tanto en escuelas públicas como privadas, ortodoxas y progresistas, pues los hijos de Frances alojan allí por meses enteros a sus compañeros de colegio, que abandonan las casas de sus padres para buscar en ese hogar acogedor y amplio de miras una convivencia en difícil equilibrio entre la libertad que se toman los adolescentes y la aceptación de una asombrada Frances .
Las vidas de estos adolescentes fluctuarán entre la interesada adhesión a esta mujer (que los alimenta, gestiona sus problemas con la escuela y hace de intermediaria con los verdaderos padres) y la admiración creciente que sienten por Johnny, ya por entonces un renombrado dirigente político, que se presenta allí de vez en cuando entre viaje y viaje a la URSS, Checoslovaquia o Cuba. Aunque respetados y protegidos, ninguno de los chicos encuentra fácilmente el camino de la responsabilidad personal: prácticamente todos tratan de encontrar culpables para sus frecuentes tropiezos. Con excepciones. Sylvia, una jovencita anoréxica confiada a Frances, estudiará medicina, y viajará a África para trabajar en un hospital. A través de ella, Lessing abordará otro tema espinoso, como es el de las contradictorias ayudas de los organismos internacionales a África, y también la inaceptable prepotencia de algunos gobiernos nativos que reproducen la prepotencia de la situación colonial, sin solucionar los problemas.
Doris Lessing no baja el listón. Su novela examina sin restricciones mentales el camino que el sueño de la izquierda trazara un día, y que se ve salpicado con tantas contradicciones. Esos jóvenes de los sesenta acostumbrados a romper moldes y a no admitir límites a la libertad darán paso a otros que, educados por ellos, tenderán a desconocer sus limitaciones y a vivir en una infancia prolongada, entre la crueldad y la inocencia. El sueño más dulce es un libro lleno de pasión y de fuerza en el análisis, pero también de comprensión y de ternura: en la casa, metáfora de todo un mundo, siempre hay alguien como Frances que comprende que hay que empezar por lo más cercano para que la vida continúe. Doris Lessing, llena de lucidez y sabiduría, crea un personaje que mejora con la edad, y que es capaz, en su modesta percepción de las cosas, de hacer convivir a tres generaciones. Su generosidad y su resistencia son la materialización de ese (dulce) sueño, porque, ella sí, transforma el mundo que la rodea.
Mª José Navarro