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La hija de la gurerra y la madre de la patria

RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO

Ediciones Destino, Barcelona, 2002, 224 págs.

Si la calidad de un libro se puede medir por la vigencia que guarda con el paso del tiempo, la obra que nos ocupa no ha podido tener mejores principios. Tanto es así que a veces cuesta pensar que estas páginas no fueran motivadas por sucesos que ocurrieron meses más tarde de su publicación. Y lo cierto es que todos los apartados están basados, directa o indirectamente, en alguna noticia aparecida en prensa de poco tiempo acá; quizás sea que las cosas cambian menos de lo que nos parece.
        Esta obra está formada por tres capítulos aparentemente desconexos. El primero de ellos ("Pedagogos pasan, al infierno vamos") se ocupa de asuntos relacionados con la educación: la oposición enseñanza pública - privada, las reformas en las leyes educativas, los libros de texto, la enseñanza de la historia, y la televisión como el gran pedagogo de nuestro tiempo. El segundo ("Pecios") está formada por 131 fragmentos de variada extensión (desde una o dos líneas a cuatro páginas) y temática, en los que , a modo de martillazos, va comentando noticias diversas, viejas lecturas, conceptos e ideas comunes, etc.. El tercer capítulo ("Campo de Marte"), está dedicado al análisis de cómo los medios de formación de masas (medios de comunicación) tratan el problema de la violencia en sus más variadas manifestaciones, el terrorismo, la guerra, los políticos de turno y sus planteamientos, etc.. El último apartado de este capítulo es el que da título al libro y, a juicio del que estas letras escribe, también unidad; se ocupa aquí de relacionar los conceptos de patria y violencia y demuestra que la formación de la primera necesita de la segunda. Tal y como es habitual en este autor, el rigor de sus argumentaciones se acompaña de sorprendentes y pertinentes citas históricas, textos clásicos y todo tipo de materiales que le permiten construir una genealogía de los problemas y conceptos que analiza, desenmascarando los principios morales (a veces impresentables) que "de escondidas" los acompañan. La función del segundo capítulo es la de servir de puente entre los otros dos pues introduce temas ya aparecidos en el primero y otros que aparecerán en el tercero de tal modo que muestra su inseparabilidad lógica.

        He empezado diciendo que las diversas partes del libro estaban aparentemente desconectadas, pero lo cierto es que, tras una lectura reposada, se observa un rigor lógico y una unidad en el razonamiento que hacen de esta obra un ejemplo de análisis racional del mundo que nos rodea; pone orden en el caos y a la vez suministra un método de análisis que hace de sus páginas, más que una fuente de información, una herramienta de análisis de nuestro entorno. Por eso sea, quizás, que en lugar de envejecer, (en muchas ocasiones trata sucesos muy concretos), parezca estar comentando alguna noticia que pudimos leer en el periódico de ayer. A este respecto merece la pena releer el último capítulo a la luz de la invasión que en estos días el ejército de EEUU está llevando a cabo en Irak.

        La lectura de esta obra quizás requiera de un cierto reposo, no muy apropiada para los que tienen prisa por captar información, pero muy útil para someter a crítica ideas de las que, por ser lugares comunes, a veces se nos escapa su función ideológica.

José Luis Gª Siguero

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