EN LA MUERTE DE NUESTRA COMPAÑERA PAZ
Paz Serrano, nuestra compañera y amiga, nos ha dejado tras una breve enfermedad. Su familia cercana, sus muchos otros amigos y conocidos tienen sus propios motivos para el sentimiento y el dolor, para el recuerdo y la nostalgia. Nosotros, los que con ella hemos compartido la peripecia de dar vida durante los últimos tres años al Colectivo Baltasar Gracián y a la revista Crisis, nos sentimos obligados a dejar testimonio de ésta, una de sus últimas empresas.
En los tiempos que corren, y dentro del campo de la enseñanza, no han abundado las personas que hayan aunado la cercanía al trabajo cotidiano en el aula y la distancia intelectual imprescindible para observar desde una perspectiva global los procesos en ella vividos. Aún más raras han sido las voces que, en medio de tantas banderías e intereses creados, han mantenido una digna posición de independencia. Entre ese puñado de resistentes, a contracorriente de lo políticamente correcto del momento, se encontraba Paz.
A la altura del año 2000, con la LOGSE definitivamente implantada y desarrollada, empezaban a multiplicarse las quejas de los docentes ante una realidad que nada tenía que ver con los objetivos propuestos. En pocas ocasiones, sin embargo, lograron las críticas remontar el estrecho ámbito de la reflexión individual aislada o las propuestas puntuales de algún claustro, que llegaban de vez en cuando al tablón de las salas de profesores. Lamentablemente, desde las filas de la izquierda y sus intelectuales orgánicos se mantenía la adhesión inquebrantable a los principios de la reforma socialista y una fe ciega en su presunto carácter progresista, achacando los evidentes "desajustes" a la deficiente puesta en práctica o a los elementos de "contrarreforma" introducidos por los gobiernos del PP.
En septiembre de 2001, como una bocanada de aire fresco y saludable, extendida por la iniciativa anónima de muchos profesores que lo hicieron suyo, empezó a circular por los centros un artículo titulado "El desmantelamiento de la enseñanza pública en España". Se había publicado en la edición española de Le Monde Diplomatique y venía firmado por un desconocido "Colectivo Baltasar Gracián". Se trataba de un texto serio y denso que, desde una posición de indudable defensa de la escuela pública, acometía una severa crítica contra el proceso destructivo en el que se había embarcado nuestro sistema público de educación, propiciado en buena parte por la misma reforma y acelerado, como no podía ser menos, por las fuerzas de la derecha entonces en el poder.
Quienes lo habían escrito hacían invitación expresa a dejar el lamento y la postración, para "iniciar una reacción por parte de todos aquellos que se proclaman defensores de lo público". Otros, que también discurríamos por distintos derroteros empeñados en lo mismo, fuimos al encuentro de ese Colectivo. Ahí estaba Paz y, de momento, sólo el "colectivo" apoyo de algunos amigos para que ella diera forma escrita a las ideas coincidentes. No fue difícil reconocer la inmediata sintonía y, juntos, ponernos a la obra de dar vida real y continuidad al "Colectivo Baltasar Gracián". Tras varias reuniones abiertas al debate y a la incorporación de nuevos miembros, en octubre de 2002 aparecía el número 0 de la revista Crisis.
Desde entonces, la reflexión y la acción en común han dado sus modestos frutos: hemos tenido la oportunidad de reunirnos y discutir con muchos otros profesores los problemas de la enseñanza y sus posibles soluciones; hemos acudido a cuantos foros (congresos, mesas, entrevistas,...) nos han permitido hacer presentes posiciones independientes para una verdadera defensa de la escuela pública frente a la LOGSE, la LOCE y, ahora, la LOE; hemos elaborado estudios rigurosos sobre la realidad del fracaso escolar; y, sobre todo, hemos mantenido el esfuerzo de sacar a la luz y hacer accesible como página web una revista de la que hoy publicamos su número 10.
En toda esta empresa -si se quiere quijotesca, por lo mucho empleado sin otra recompensa que la nobleza del esfuerzo compartido- nos ha acompañado, como alma mater, nuestra amiga Paz. Además del profundo dolor por su ausencia, nos queda el sincero agradecimiento por el camino recorrido en camaradería y el firme propósito de no decaer en la conseja con la que ella terminaba el mencionado artículo, citando al inconformista Baltasar Gracián: "Paréceme que toda esta ciencia del saber vivir y gozar para en pensar en nada y hazer nada y valer nada; y como yo trato de ser algo y valer mucho, no se me asienta esta poltronería".
Que la estela por ella marcada, lejos de toda complacencia con la necedad y la mentira de los poderes establecidos, nos mantenga en el sólido compromiso con lo que para Paz valía y para nosotros vale mucho: preservar un bien público tan fundamental como la enseñanza, para que todos los ciudadanos puedan acceder en igualdad de condiciones a la educación.
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PAZ
Paz se nos ha ido: discreta, silenciosa, rápida; luchando y dando cara a la vida hasta el último momento. Y nosotros, tras la sorpresa y el dolor, sentimos la necesidad de poner en palabras cuánto ha significado ella para este grupo, que nació sencillamente de su fe y de su voluntad: ella, sólo ella, puso en pie un colectivo, el Baltasar Gracián, firmando así el primer artículo que se publicó en Le Monde Diplomatique, una llamada que fue una convocatoria a la que muchos nos acercamos y que, poco a poco, gracias a un pequeño núcleo, cobraría vida.
Por eso queremos compartir con vosotros, lectores, pero no sólo eso, nuestro sentimiento de pérdida, pero también todo aquello que debemos a Paz: su fe en el futuro, que la lanzó a poner por escrito unas cuantas verdades poco aireadas en los medios sobre la situación de la enseñanza en España, creando con su propio impulso un "colectivo" en el que creyó y en el que volcó también una esperanza de diálogo y de pensamiento, una certera lucidez para ver la realidad, un coraje silencioso y resistente. Ahora, ella se ha ido y éste es nuestro tiempo. El tiempo de mantener la fe en que, alguna vez, lo evidente se abrirá paso. El tiempo de fortalecer la esperanza y aumentar el trabajo, de mantener una actitud crítica y vigilante sobre lo que consideramos una apuesta por el futuro en la tarea educativa, nuestro trabajo y nuestra pasión.
Y, en ese sentido, Paz no se ha ido, pues queda en el colectivo la fuerza de lo que creó.