No
ha tenido mayor fortuna que los decretos anteriores la propuesta ministerial
sobre el “nuevo” Bachillerato. El efímero y falso debate suscitado en su
presentación a los medios, al que hemos aludido ya en la página principal de
nuestra web, no puede inducirnos a error acerca de los verdaderos
problemas y de las soluciones que tampoco en esta ocasión se ha querido
adoptar.
Al
hilo de la implantación de
De
una parte, se aprecia una clara disminución del flujo de estudiantes que cursan
Bachillerato, con una progresiva pérdida de grupos, al menos en buena parte de
los centros públicos, rematada con un descenso aún mayor de los alumnos de
estos centros que se presentan a la prueba de selectividad. De otra, asistimos
a una paralela degradación de la exigencia y calidad de la formación, que dicha
etapa debe, en principio, proporcionar a todos por igual, manifestada en
diversos fenómenos como la inversión del peso específico de las distintas
modalidades en favor de las “más fáciles” (pierden las ciencias e incluso las
humanidades, aumentan los menús ligeros de “ciencias sociales”), y la presión
familiar e institucional para aplicar manga ancha en la titulación, con el
argumento de que muchos de los alumnos no irán a
Aunque
el currículo oficial no ha sufrido grandes variaciones y el nivel de las
capacidades y conocimientos de las materias fundamentales es parecido al de los
dos últimos cursos del anterior sistema (tercero y COU), la deficiente
formación con que llegan muchos alumnos de
Pese
al empeño de muchos adalides de las reformas implantadas en reducir tales
fenómenos a mera “percepción” subjetiva de un profesorado inadaptado y añorante
de tiempos pasados, los hechos vienen a ratificarla. Los últimos estudios
estadísticos realizados, tanto por organismos estatales como internacionales
(recogidos y comentados en el artículo Informes
sobre la educación en España. Una lectura comprensiva del anterior número
de nuestra revista Crisis), señalan
que, coincidiendo con la plena implantación de
El
problema de fondo es que tales retrocesos cuantitativos y cualitativos en la
enseñanza superior son aplaudidos y abiertamente pretendidos desde las
instancias del poder económico y político, que consideran excesivo y poco
rentable el número de titulados universitarios. Asistimos a una campaña
continuada en diversos medios para disuadir al estudiantado que pretende
completar su formación con estudios superiores. Por una parte, se insiste
sospechosamente en las dificultades para obtener un puesto de trabajo acorde
con la carrera cursada, o en el descenso notable de las diferencias salariales
con quienes acceden al mundo laboral con menor titulación, con total desprecio
hacia el valor en sí de una mayor formación personal o incluso de otras
variables estadísticas que señalan menores índices de paro entre los mejor
preparados y plazo de tiempo más reducido, tras los inicios generalmente
precarios, para conseguir remuneración y reconocimiento laboral en consonancia
con su cualificación.
En
coherencia con ese planteamiento de limitar el derecho a la educación,
subordinándolo a la exclusiva perspectiva de la rentabilidad económica desde
los intereses muy particulares de los empresarios, los responsables educativos
tratan de ajustar los flujos de estudiantes a una oferta y objetivos
predeterminados, que entran en colisión con el discurso, todavía ineludible, de
la educación como bien social y derecho democrático de todos los ciudadanos.
Una vez generalizada -no importa en qué condiciones-
Evidentemente,
desde una posición honesta de defensa de la enseñanza pública, como bien
social, y del derecho a la educación, cuya efectividad debe medirse por la
proporción de ciudadanos que logran acceder a mayores niveles de formación (y
no sólo al “salario mínimo” educativo y devaluado de
Pero
el Ministerio ha preferido desviar los tiros hacia temas muy secundarios y que,
en todo caso, tendrán efectos muy limitados. La propuesta de permitir la
distribución de las materias de los dos cursos de Bachillerato en tres años, ni
resulta tan novedosa como algunos quieren, ni va más allá de facilitar la
titulación a una pequeña parte de los alumnos. Actualmente, se sitúa en un 27%
la media de alumnos de 1º que no logran promocionar al final de curso a 2º de
Bachillerato. Teniendo en cuenta que algunos de ellos abandonan y otros repiten
con un número elevado de suspensos, la medida podría “beneficiar”, todo lo más
a un 15%, según calculan los expertos en números. Ni significa la promoción sin
más de curso y el incentivo de la “mediocridad”, según pregona el PP, ni mejora
por sí sola el acceso y la calidad del Bachillerato, como quiere el gobierno.
Ni tan siquiera puede convertirse en el señuelo que rebaje de forma
significativa el porcentaje de abandono de los estudios más allá de
Otros
leves retoques al currículo introducidos en el decreto, tampoco van a cambiar
nada sustancial, o puede que lo hagan en sentido negativo. La inclusión de una
materia “científica” común, con el nombre de “Ciencias para el mundo
contemporáneo”, de contenidos muy generales y de corte más bien periodístico,
difícilmente puede servir para proporcionar una mínima base acerca del rigor
metodológico y la perspectiva propia de la ciencia. Después de tan desorbitadas
polémicas sobre la pertinencia y contenidos de “Educación para
Los
verdaderos problemas del actual Bachillerato, antes señalados, quedan sin
tocar. Los objetivos asignados, difícilmente pueden ser abordados sin un mínimo
de conocimientos básicos y sin los adecuados métodos y hábitos de estudio, que
debieran garantizarse en
En
conclusión, no se trata de ofrecer dos o tres años para lo mismo, sino de
reestructurar y garantizar el currículo del Bachillerato de acuerdo con los
objetivos formativos que desde siempre se le ha asignado y con su función
propedéutica para acceder a niveles educativos superiores. Es posible que, con
independencia de la flexibilidad temporal y estructural necesaria en ésta como
en otras etapas, ese currículo deba distribuirse en tres cursos para todos los
alumnos, y hacia ahí apuntaba la propuesta de muchos docentes, como exigencia
del desarrollo imprescindible de sus contenidos. Es discutible la mejor manera de
insertarlos en el conjunto del sistema educativo, bien propiciando una vía
específica en 4º de