INMIGRACIÓN Y EDUCACIÓN: LOS DATOS

 

1.- ESPAÑA EN EL CONTEXTO EUROPEO

Fuentes: Eurostat e INE

 

            Europa, a lo largo de su historia y en época más reciente, ha sido lugar de constante trasiego migratorio motivado tanto por los frecuentes conflictos bélicos y cambios de fronteras como por las notables diferencias de desarrollo económico en los periodos de mayor paz y prosperidad. El actual saldo cercano a cero entre inmigrantes y emigrantes intracomunitarios no puede ocultar la intensidad y diversidad de los movimientos de población, incluidos los que provienen de fuera de las actuales fronteras de la UE y hasta de otros continentes. De ahí que, por encima de las muy diversas políticas aplicadas por los gobiernos y los intentos de unificarlas en el seno de la Europa comunitaria, el fenómeno migratorio merezca una atención seria y particular. Tanto más cuanto que abundan quienes, faltos de todo escrúpulo, pretenden convertirlo en punta de lanza de políticas de división y discriminación, con la mirada puesta en una regresión global en los derechos económicos y sociales del conjunto de los ciudadanos.   

            A comienzos de este año 2008 la Unión Europea de 27 países miembros cuenta con una población total de 497 millones de habitantes, de los que unos 28 millones son considerados extranjeros en los países donde actualmente residen. Constituyen, por tanto, una proporción globalmente pequeña (5,6%), pero cuya trascendencia debe ser considerada teniendo en cuenta varios factores importantes.

            En primer lugar, las cifras absolutas y relativas serían muy superiores –aunque de difícil evaluación- si incluyéramos a los inmigrantes que ya han conseguido la nacionalidad en los países donde han terminado por establecerse, estando aún lejos de una verdadera integración social y política. La discriminación y marginación, prolongadas en sucesivas generaciones, siguen constituyendo parte del “problema” de la inmigración (como hemos podido comprobar hace poco en Francia).

            En segundo lugar, en la propia UE coexisten países de saldo emigratorio -en particular, los países del Este incorporados en los últimos años- y países receptores en muy diverso grado, generándose en unos y en otros situaciones de desequilibrios y conflictos relacionados entre sí (por ejemplo, presión de mano de obra extranjera barata en los países receptores, conjugada con despoblación y descualificación en los países de origen).

            Finalmente, los polos de atracción del fenómeno migratorio, además de concentrarse en algunos países y zonas concretas, han ido variando al compás de acontecimientos políticos y económicos, de modo que hoy, a la par de países con un prolongado historial de inmigración, aparecen otros nuevos que hasta hace poco eran incluso focos de emigración.

            Algunos datos son bastante significativos sobre esta desigual concentración del fenómeno inmigración y del peso relativo que puede adquirir en cada país:

            Con cifras de 2006, Alemania contaba con 7,3 millones de extranjeros entre sus 82,4 millones de habitantes (un 8,8%); España con 4,1 millones entre 44,7 (un 9,3%); Francia con 3,5 de 62,9  (un 5,5%); Reino Unido con 3,4 de 60,3 (un 5,6%); Italia con 2,6 de 58,7 (un 4,4%). En otros países con cifras inferiores de extranjeros, éstos suponen también una notable proporción en relación a su población total: es el caso de Bélgica con 900.500 extranjeros de 10,5 millones de habitantes (8,5%); Austria con 814.000 de 8,2 millones (9,9%); Grecia con 884.000 de 11,1 millones (7,9%). Mención aparte merece Suiza, que no pertenece a la UE, con 1,5 millones de extranjeros entre sus 7,4 millones de habitantes (20,8%).

            Cabe señalar, sin embargo, una serie de elementos que dan especificidad al proceso inmigratorio en España:

            - Si en otros países europeos, debido a su más temprano despegue económico, viene de más lejos el flujo sostenido de inmigrantes, en España el proceso no sólo ha sido más tardío (al igual que en otros países, como Italia, Grecia o Portugal, que han pasado de ser exportadores de mano de obra a convertirse en receptores), sino que destaca sobre cualquier otro en el carácter acelerado del fenómeno. En 1995 había en España 460.000 extranjeros, entre los que todavía eran mayoría los procedentes de países ricos de la UE, y la nueva afluencia de inmigrantes sólo había duplicado su número en el 2000  (920.000 extranjeros); hoy, al inicio de 2008, pese al bajo índice de natalidad de la población autóctona, hemos alcanzado los 45,4 millones de habitantes con una componente del 10% de extranjeros (superan los 4,5 millones). Estas cifras nos sitúan en el segundo país de la UE en número total de inmigrantes (sólo detrás de Alemania) y el primero en términos relativos al número de habitantes. Supone un incremento cercano al 1000% respecto a 1995 y al 500% desde el 2000.

            - Otro elemento particular del fenómeno migratorio hacia España es su composición y procedencia. Por un lado, la ya apuntada proximidad de la costa africana, convierte a nuestro país en lugar de paso obligado para la inmigración marroquí y la de muchos países subsaharianos hacia Europa, que en buena parte se han quedado aquí por el notable crecimiento de la oferta de trabajo en los últimos años. Pero si este tipo de inmigrantes, así como los procedentes de países del Este, es compartido con otros países receptores de la UE, el espectacular incremento de la inmigración hacia nuestro país se ha debido sobre todo a la llegada masiva de hispanoamericanos. El hecho de tener una lengua común y particulares lazos históricos, ha propiciado la orientación hacia nuestro país de importantes flujos migratorios empujados por las graves crisis económicas y sociales que ha provocado la política del FMI en Latinoamérica. No obstante, parece que en la actualidad ese flujo está disminuyendo a partir del establecimiento de nuevas exigencias de visados y mayores dificultades para encontrar trabajo.

            - En un tercer aspecto, es preciso rechazar el tópico demagógico de que España sea un “paraíso” para los inmigrantes o, según otros, ejemplo de integración. Aunque de todos es conocida la política regresiva en los países de la UE respecto a las condiciones y derechos de los inmigrantes, han existido y todavía existen notables diferencias en los procesos de legalización e integración. A principios de este año, en un informe elaborado por la Comunidad Europea y el British Council aparecía un índice comparativo de Políticas de Integración de Inmigrantes, en el que se consideraban variables en relación al acceso al mercado laboral y otras que hacían referencia a las exigencias para el reagrupamiento familiar, residencia de larga duración y adquisición de la nacionalidad. España se sitúa en el número diez de los actuales 28 países de la UE con una puntuación de 61, algo superior a la media (54 puntos sobre 100), pero debido, sobre todo, a las facilidades dadas para la incorporación al trabajo –con o sin contrato legal- mientras ha existido una gran demanda de mano de obra (90 puntos), siendo de los últimos en cuanto a facilitar el acceso a la nacionalidad o a la participación política (41 y 50 puntos, respectivamente). Según datos de 2005, en ese año adquieren la plena ciudadanía 161.700 extranjeros en Reino Unido, 154.800 en Francia y 117.200 en Alemania, mientras que sólo se le concede a 42.800 en España. No obstante, la tan criticada “regularización masiva” llevada a cabo por el gobierno de Zapatero ha permitido acercar el número de residentes legales y el de simplemente empadronados: en el pasado año 2007 frente a los 4.519.554 extranjeros empadronados, tenían a 31 de diciembre “certificado de registro o tarjeta de residencia” 3.979.014, habiéndolos conseguido a lo largo de ese año 957.206. En el último dato publicado por el INE, a 31 de marzo de este año tenían los papeles en regla 4.193.832 extranjeros. Aún así, y con variaciones según las fuentes, todavía se habla de la existencia de más de medio millón de “ilegales”, cifra que no debe andar muy lejos de la realidad, si contrastamos el dato final del padrón municipal de 2007 y el de regularizados, teniendo en cuenta que, aparte de los que no se inscriben en el padrón, el flujo migratorio, aunque ralentizado en el último periodo, no se ha parado en los últimos meses. En todo caso, la realidad desmiente la idea de que España sea un “coladero” para las masas de inmigrantes que ponen rumbo a la Europa desarrollada. Paralelamente al proceso de regularización, se han adoptado medidas más severas de filtro y expulsión, así como de impermeabilidad de las fronteras incluso desde los países de origen o partida, con iniciativas de dudosa legalidad y humanidad (desvío de las “ayudas al desarrollo” a la financiación de medidas de filtro y represión de los emigrantes en esos países).  En tanto España es considerada como parte principal de la frontera sur establecida en el tratado de Schengen (sobre la libre circulación intercomunitaria), se le asigna un exigente papel de gendarme para control y freno de la inmigración procedente de África y también de Latinoamérica. Esa función de control prima sobre cualquier otra consideración. Ahora, con el pretexto de la crisis económica (y a iniciativa de los gobiernos más reaccionarios, como los de Berlusconi y Sarkozy), la UE ha elaborado una nueva “Directiva del Retorno” orientada a la detención y expulsión expeditiva de los “sin papeles” y a la presión sobre los legales “sobrantes” para que retornen a los países de procedencia hasta que el mercado de trabajo vuelva a necesitarlos. Desgraciadamente, el paraguas de la UE parece servir de buena excusa a todos los gobiernos, incluido el de nuestro país, para proceder a la merma de derechos de la población inmigrante y para agravar su status de precariedad.

 

2.- LAS CIFRAS DEL FENÓMENO MIGRATORIO EN ESPAÑA

Fuentes: Secretaría de Estado para la Inmigración, Servicio de Estadística de la Comunidad de Madrid

 

2.1.- Un proceso singularmente acelerado

            Partiendo sólo del año 2000 en el que, aún habiéndose duplicado el número de extranjeros respecto a 1995, todavía significaban un modesto 2,28% de la población total, el incremento sufrido en los siguientes años es verdaderamente espectacular. En 2001 son el 3,33%; en 2002 el 4,73%: en 2003 el 6,24; en 2004 el 7,02; en 2005 el 8,46%; en 2006 el 9,27%; en 2007 el 9,93% que, cuando se avance número y porcentaje a comienzos de 2008 habrá superado el 10%, aunque se haya ralentizado el incremento en los últimos años.

            La tabla sobre el crecimiento de la población total y del número de extranjeros habla por sí sola.

 

Año

Población total

Extranjeros

% Extranjeros

2000

40.499.791

923.879

2,28%

2001

41.116.842

1.370.657

3.33%

2002

41.837.894

1.977.946

4.73%

2003

42.717.064

2.664.168

6.24%

2004

43.197.684

3.034.326

7.02%

2005

44.108.530

3.730.610

8.46%

2006

44.708.964

4.144.166

9.27%

2007

45.116.894.

4.482.568

9.93%

2008

46.063.511

5.220.577

11.3%

 

            Si nos fijamos en los incrementos porcentuales de un año respecto al anterior, los datos son realmente espectaculares: en el 2001 se produce un incremento del número de extranjeros de +48,4%, en el 2002 +44,3%, en el 2003 +34,7%, con lo que se demuestra el escaso efecto de la Ley de Extranjería aprobada por el gobierno del PP en el 2000 y que el “efecto llamada” aumenta o disminuye en relación a hechos objetivos como la precariedad de medios en los países de origen y la oferta real de trabajo en los países receptores. Tras una caída relativa en el 2004 a +13,92%, en el 2005 vuelve a subir a +22,9%, apreciándose un menor aumento en los dos últimos años de los que se han publicado datos: +9,3% en 2006, +9,9% en 2007 y +15,5% en 2008 (según datos del INE referidos al padrón municipal a 1 de enero de cada año).

            Tomando como índice 100 la población extranjera en el 2000 y acumulando los incrementos porcentuales anuales en este último periodo, nos podemos hacer una idea más cabal de la celeridad del proceso, que en sólo ocho años la ha multiplicado casi por seis.

            Cabe tener en cuenta, como factor de distorsión en los incrementos apuntados, el impacto contable de los procesos extraordinarios de regularización de inmigrantes, como parece probable con la iniciativa tomada en 2005 por el gobierno de Zapatero.         Probablemente, de no mediar otros factores exógenos, la desaceleración económica y el endurecimiento de las medidas de control pueden influir en una disminución del flujo inmigratorio en el próximo periodo. Pero las proyecciones a largo plazo apuntan a la continuidad imparable de la inmigración hacia la UE y a un componente foráneo de la población en nuestro país en torno al 20% hacia 2020.

            En el caso de la Comunidad de Madrid el proceso de aceleración ha sido paralelo, pero superando la media nacional en cuanto al porcentaje de población extranjera. En el 2000 era el 3,18%; en 2001 el 5,69%; en 2002 el 8,04%; en 2003 el 10,3%; en 2004 el 11,44%: en 2005 el 13,09%; en 2006 el 13,32%; en 2007 el 14,25%; al inicio de 2008 el 15,5%. En cifras absolutas, tomando como referencia el padrón municipal a 1 de enero de 2008, de un total de 6.251.876 habitantes, 991.259 son extranjeros.

            Desde el punto de vista puramente demográfico, los efectos de este proceso han sido igualmente notables. Además de contribuir directamente a un crecimiento de la población no previsto en proyecciones anteriores (dada la bajísima tasa de natalidad de las familias españolas, inferior a la de reposición generacional), la inmigración ha supuesto también cierto grado de rejuvenecimiento. Según datos de 2007, la población extranjera tiene una media de 33 años y el 83% está incluido entre los 16 y 64 años. Viéndolo comparativamente: si la población española de 16 a 44 años supone un 41,9%, entre los extranjeros alcanza el 63,9%; proporción que se invierte para mayores de 45 años (un 42,8% de los autóctonos por un 21,2% de los extranjeros). 

 

2.2.- La composición y distribución de los inmigrantes en España

 

2.2.1.- Composición de la población inmigrante

            Tal como se ha señalado más arriba, el grueso de la inmigración hacia nuestro país procede, en primer lugar, de los antiguos países del Este de Europa, seguidos de la más específica, por razones de lengua e historia, proveniente de Latinoamérica y, por motivos de proximidad, del vecino Marruecos.

 

Del total de 5.220.577 empadronados a 1-1-2008, proceden de:

Europa: 2.304.485 (de ellos 2.095.952 son de la UE de 27 miembros)

América: 1.761.272 (de ellos 1.735.025 proceden de Latinoamérica)

África: 797.592 (de ellos 644.688 son marroquíes)

Asia: 253.447 (de ellos 124.022 de China)

Oceanía: 2.354

            Según nacionalidad, el colectivo mayoritario es el rumano (728.967 personas), seguido del marroquí (644.668) y ecuatoriano (420.110). A continuación se encuentran el colectivo británico (351.919), el colombiano (280.705), el boliviano (239.942), el alemán (180.650), el italiano (157.435), el búlgaro (153.664) y el argentino (145.315). Las personas de estas diez nacionalidades representan cerca del 70% del total de extranjeros. Entre los europeos  que no pertenecen a la UE destaca el contingente de Ucrania (77.713); entre los africanos subsaharianos, los de Senegal (46.077) y Nigeria (39.943); después de los chinos, entre los asiáticos es el colectivo pakistaní (46.649) el que cuenta con mayor presencia.

            Los datos referidos a los extranjeros con certificado de registro o tarjeta de residencia, reflejan una composición parecida, aunque sus cifras, evidentemente, son inferiores a las del padrón. Los más recientes fueron publicados en el Boletín Estadístico de la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración a 31 de marzo pasado.

            De los 4.192.385 residentes legales, 2.230.835 extranjeros (53,19% del total) están incluidos en el Régimen General y 1.962.655 (46,81%) en el Régimen Comunitario, del que forman parte los nacionales de países de la Europa Comunitaria, así como sus familiares, y los nacionales de terceros países que son familiares de quienes ya tienen adquirida la nacionalidad española.

            Su procedencia por continentes es: 42,2% de Europa, 30,7% de América, 20,8% de África, 5,9% de Asia y 0,38% de Oceanía

            El peso relativo de los países de procedencia ha ido variando en el curso de la última década. Hace quince años, a pesar de haber despegado ya el fenómeno de inmigración por motivos económicos, todavía eran mayoría las colonias de extranjeros procedentes de la Europa rica establecidos en España atraídos por su clima y condiciones de vida. Entonces como ahora a esta clase de extranjeros no se les considera propiamente inmigrantes ni parte del “problema”. Desde antes y a lo largo de los últimos años, el país de procedencia de la minoría mayoritaria de la población considerada inmigrante como tal ha sido Marruecos. Con el inicio del nuevo siglo, los inmigrantes latinoamericanos en su conjunto protagonizan el mayor incremento, destacando ecuatorianos y colombianos, pero alternando la importancia de los distintos flujos muy en dependencia de los procesos de crisis económica y social en los países de origen (casos de Ecuador y Argentina) y las mayores o menores facilidades otorgadas para su entrada por el gobierno español. Sin embargo, los cambios políticos y económicos en los países europeos del Este y el proceso de ampliación de la Unión Europea, van a determinar un flujo creciente de inmigrantes que, tras la integración de sus países en la Europa comunitaria, hoy gozan de mayores facilidades para la libre circulación, dejando en breve de ser considerados inmigrantes a efectos legales.

            En el último año, los mayores incrementos porcentuales entre las nacionalidades con más de veinte mil personas en España han correspondido a los rumanos, con el 38,3% de aumento respecto al año anterior y a los búlgaros, con el 19,7% (ambos con mayores facilidades tras su reciente incorporación a la UE); seguidos de los bolivianos (19,7%) entre la población latinoamericana (mientras se ha producido un retroceso del 1,6% en los ecuatorianos); los italianos (+16,5%) son los europeos cercanos que más han crecido, con lo que se confirma la tendencia a cerrar las fronteras a los emigrantes de fuera de la UE, en tanto los que se han ido incorporando a ella gozan de movilidad interna legal (aunque con ciertas restricciones en el marco laboral).

 

2.2.2.- Distribución y concentración de la inmigración en España    

            Si bien los inmigrantes constituyen ya un importante porcentaje superior al 10% de la población, su distribución es bastante desigual.

Según datos de 2007, alcanza el 18,4% en Baleares; el 14,9% en Valencia; el 14,4 en Murcia; el 14,1% en Madrid; el 13,4% en Cataluña y el 12,3% en Canarias.

Por el contrario, sólo supone el 2,7% en Extremadura; el 2,9% en Galicia; el 4,6% en el País Vasco; o el 4,7% en Castilla-León.

            Pero, además, dentro de cada Comunidad Autónoma se concentran con frecuencia en muy pocas y señaladas zonas. Este factor va a tener, como luego veremos, una importancia decisiva en los problemas de escolarización y la creación de guetos. Por ejemplo, en el estudio elaborado por DEPREN sobre la escolarización de alumnos inmigrantes en la Comunidad Valenciana, con datos de 2003, sólo 3 comarcas de las 34 en que está dividida concentran el 42% del total de la población inmigrante y con otras 3 más abarcan el 67,5%. El 13,4% de población inmigrante que hemos señalado antes en toda Cataluña se convierte en un 20% en  la comarca de La Segarra y alcanza hasta un 40% en algunas localidades. Aunque más generalizada su presencia a lo largo de la Comunidad de Madrid (por su dedicación a sectores como la construcción, hostelería y servicio doméstico, repartidos por toda la Comunidad), también se dan notables diferencias en su concentración por zonas, poblaciones y barrios, como ha sido recogido en distintos estudios. En el recogido en 2003, cuando la población extranjera constituía el 10,52%, en Madrid Capital se concentraba el 59,15% de los inmigrantes (con predominio del colectivo ecuatoriano), llegando a constituir el 25% de los habitantes en el distrito Centro (le seguían en importancia los distritos de Tetuán, Carabanchel y Arganzuela). La corona metropolitana Sur tenía un 13,81% de extranjeros, con mayoría de marroquíes; la Este contaba con un 8,61% y mayoría de rumanos; la Oeste un 5,34% con mayoría colombiana, y la Norte un 4,42% con predominio ecuatoriano. Indudablemente, los porcentajes actuales son mayores.

 

3.- LA ESCOLARIZACIÓN DE ALUMNOS EXTRANJEROS

Fuentes: Secretaría de Estado para la Inmigración, Ministerio de Educación, Consejo Escolar de Estado, Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid.

 

3.1.- Datos de alumnos extranjeros escolarizados

Dado que el MEC no hará públicos los datos de escolarización del presente curso hasta finales de junio, recogemos en la tabla siguiente los referentes a los cursos desde el 2000-01 al 2006-07, con el total de escolarizados en las enseñanzas generales no universitarias y su desglose por etapas y niveles educativos.

Curso

Total

Infantil

Primaria

ESO

Gar. Soc.

FP

Bach.

2000-01

141.868

24.571

59.387

38.163

999

3.575

7.061

2001-02

 207.252

39.048

87.685

45.246

1.836

4.892

8.605

2002-03

309.058

60.042

132.453

80.286

2.487

7.980

12.099

2003-04

402.116

78.986

174.722

107.533

3.142

11.540

15.520

2004-05

459.291

85.799

198.165

124.714

3.928

15.327

19.160

2005-06

530.954

94.162

228.842

146.966

5.106

24.398

21.936

2006-07

608.040

104.014

261.583

168.824

 

29.364

25.382

            Como podemos observar, el número total de alumnos extranjeros se ha más que cuadriplicado en siete cursos, aunque la inmensa mayoría siguen escolarizados en la educación infantil y las etapas obligatorias, y en una proporción menor en los niveles postobligatorios.

En la Comunidad de Madrid el proceso de crecimiento de alumnos inmigrantes es muy similar al estatal, escolarizando a un número cercano al 25% del total. Según datos del curso 2006-07, había un total de 136.505 alumnos extranjeros (105.500 en la pública, y 31.005 en la privada). De ellos, se encontraban escolarizados 23.415 en Educación Infantil,  51.900 en Primaria, 32.843 en ESO, 2.082 en Garantía Social o UFILs (talleres), 4.170 en FP,  5.380 en Bachillerato.

            Sobre los datos generales conviene destacar:

            a.- Su rápido crecimiento a nivel estatal, alcanzando el 8,4% del alumnado de los niveles no universitarios en el curso pasado 2006-07. Pero es de notar su concentración  en algunas regiones por causas muy diferentes: son el 13,6% en Baleares y el 12,4% en la Comunidad de Madrid, que ha pasado de los 40.967 en el curso 2000-01 a 136.505 en el 2006-07.

            b.- Cabe también reseñar el muy desigual reparto de los alumnos inmigrantes entre centros públicos y privados: en el curso 2000-01, 110.164 (77,6%%) estaban escolarizados en la enseñanza pública y 31.704 (22,3%) en la privada (entre los que se incluyen, evidentemente, la mayor parte de alumnos extranjeros de países ricos de la UE). A pesar de las reiteradas promesas hechas por las distintas administraciones de equilibrar la escolarización, la tendencia es la de aumentar el porcentaje acogido por la enseñanza pública: en 2006-07, son 501.916 (82,5%) los escolarizados en la pública y 106.124 en la privada (17,5%), cuando ésta supone globalmente el 32,5% de la enseñanza no universitaria.

            En la Comunidad de Madrid es algo mayor el porcentaje escolarizado en la privada (22,7%), pero tampoco proporcionado a su implantación, que es superior al 45% en toda la Comunidad y alcanza el 67% en la capital. La concentración desproporcionada de los alumnos inmigrantes en los centros públicos es evidente: ese 12,4% del total de alumnos no universitarios que supone el alumnado extranjero en la Comunidad de Madrid, se convierte en el 22,3% en los centros públicos de Primaria (en Madrid capital alcanza el 29,3%) y en el 19,1% en la ESO (26,6% en la capital), mientras que en los centros privados los porcentajes (referidos al curso anterior) eran del 8% en los concertados y del 5,3% en los privados no concertados de Primaria y del 8,5% y 5,1% respectivamente en la ESO que, según la tendencia señalada, hoy serán menores.

            c.- El proceso de crecimiento de los alumnos escolarizados en la etapas Infantil y obligatorias (Primaria y ESO), no se ve acompañado con la misma proporción en las postobligatorias. El 8,4% global del alumnado extranjero matriculado a nivel estatal en las enseñanzas no universitarias en el pasado curso, se distribuía muy desigualmente: constituía el 6,8% en la Educación Infantil; el 10,3% en la Primaria; el 9,2% en la ESO y sólo el 5,9% en la FP y el 4.0% en el Bachillerato.

 

3.2.- Distribución por CCAA y algunas zonas relevantes, en particular Madrid.

Sin que exista un reflejo mecánico entre ambos índices, las comunidades autónomas con mayor índice de inmigrantes también lo tienen de alumnos extranjeros escolarizados.

En el curso 2005-06 Madrid escolariza al 21,64% de los alumnos extranjeros en España; Cataluña al 20,84%; País Valenciano 13,36% Andalucía el 11,37%; Canarias al 5,05%; Murcia al 4,87%. Las demás CCAA tienen porcentajes inferiores.

            Pero el problema no se reduce a esa desigual distribución en las diferentes CCAA, sino que se agrava por la concentración en determinadas zonas y en centros muy concretos. A la dispar escolarización entre el sector público y el privado antes señalada, hay que añadir los insólitos porcentajes que soportan bastantes centros públicos que hacen prácticamente inviables la atención especializada y la integración en nuestro sistema educativo de los alumnos hijos de inmigrantes en condiciones que puedan garantizarles una formación acorde con el derecho que, en principio, se les reconoce.

Más allá de algún que otro reportaje periodístico sobre tal o cual centro emblemático, resulta prácticamente imposible obtener datos precisos de los porcentajes de alumnos extranjeros por centros, dada la opacidad que sobre el tema mantienen los responsables de educación amparándose, dicen, en la privacidad de tales datos. En un  trabajo realizado en 2003 sobre educación intercultural, recogíamos datos de OFRIM (Oficina Regional de Inmigración) sobre la Comunidad de Madrid referidos al curso 2000-01, que hablaban ya de 10 colegios públicos con una proporción de alumnos inmigrantes superior al 70% y de otros 50 que superaban el 20%. Hemos solicitado en vano datos actualizados a la Consejería de Educación, pero es evidente que el fenómeno de concentración en zonas y centros concretos lejos de haber remitido se ha acentuado.      

3.3.- Alumnos extranjeros no universitarios por origen:

            Los problemas que inevitablemente presenta la integración de alumnos extranjeros en un sistema educativo distinto al de origen no son los mismos en todos los casos, por la incidencia que en ellos tiene la lengua materna y los niveles previos de escolarización.

- Según datos del curso 2006-07 por continentes: 48,4% proceden de América (42,9 de América del Sur); 28,3% de Europa; 19,5% de África, y 4,8% de Asia.

            - Por nacionalidades (las más numerosas): En el curso 2005-06 el 59,3% de todos los alumnos extranjeros lo constituían 93.697 ecuatorianos, 82.479 marroquíes, 45.927 colombianos, 39.883 rumanos, 28.351 argentinos y 23.116 británicos.

            - Pero los flujos varían constantemente, en relación a los movimientos de origen y las mayores o menores dificultades de entrada y legalización. Con respecto al curso anterior, en 2005-06 los mayores incrementos relativos los tuvieron: lituanos +305%; bolivianos +56%; pakistaníes +43,5%; y rumanos +32,5%.

- Como muestra de ese dinamismo del fenómeno migratorio y su proyección escolar, ciñéndonos a la Comunidad de Madrid, en el curso 1997-98 los alumnos extranjeros eran encabezados por los procedentes de Marruecos, seguidos por Perú, República Dominicana y Francia. En el curso 2001-02 se sitúan a la cabeza los ecuatorianos, seguidos por marroquíes, colombianos, dominicanos, peruanos, rumanos, polacos, chinos, franceses y argentinos. Hoy, en consonancia con los cambios en el flujo migratorio, tras ecuatorianos y marroquíes, probablemente debe situarse el colectivo rumano, aunque no cabe esperar un reflejo exacto de la radiografía de población inmigrante adulta en la escolarización, debido a las diferencias de composición, objetivos de permanencia e integración de los distintos grupos de inmigrantes, así como en los respectivos procesos de reagrupación familiar.

 

3.4.- Los índices de éxito/fracaso escolar

            Por la política de opacidad informativa en los elementos que puedan ser motivo de denuncia social y política, resulta difícil obtener datos directos y claros de las respectivas Administraciones Públicas. Pero, buceando en los que aparecen sueltos en un sitio u otro, nos podemos hacer cierta composición de lugar.

            A falta de otros datos más específicos sobre el previsible elevado índice de fracaso escolar en cada etapa educativa entre el alumnado inmigrante, los antes reseñados sobre la descendente proporción que conforman a medida que subimos de nivel de enseñanza, nos hablan de un abandono prematuro (no continuidad de la formación después de la ESO) muy superior al 50%, invirtiéndose, además, progresivamente la relación de matriculados en Bachillerato y FP, a favor de esta última y de salidas de menor cualificación como la llamada Garantía Social, ACEs y UFILs (tipos de formación laboral o profesional sin titulación reglada).

El último informe PISA 2006  sobre los conocimientos de Ciencias en alumnos de 15 años segrega algunos datos de relevancia para el tema que nos ocupa. Los alumnos inmigrantes obtienen una media de 438 puntos frente a los nativos, cuyo promedio es de 493. También se da una diferencia de 38 puntos a favor de los centros privados respecto a los públicos, aunque tal diferencia desaparece si se consideran los factores socioeconómicos y culturales de las familias (redundando en lo ya sabido: la privada no aporta un plus de calidad por sí misma más allá de lo que se deriva de la selección económica y social del alumnado).

            En un reciente estudio elaborado por el Colectivo “Lorenzo Luzuriaga” (UGT), titulado Por la escuela Pública, se apuntan algunos indicadores indirectos que nos dan algunas pistas sobre el fracaso escolar de los alumnos inmigrantes en la Comunidad de Madrid. El primero de ellos es el porcentaje que promociona de una etapa a otra en el curso 2005-06: si el 98,1% de los alumnos extranjeros de 6º de Primaria terminan promocionando a la ESO, sólo el 25,5% de los matriculados en 4º de la Secundaria Obligatoria pasa a Bachillerato, cuando lo hace el 79,3 del total; en cambio, el 10,5% del total de alumnos que de la ESO van a los programas de Garantía Social, se convierte en un 33,1% dentro del colectivo de alumnos inmigrantes. Si la tasa de titulación media de la ESO es de un 75%, sólo los alumnos extranjeros que provienen de países europeos se acerca a ella; de los procedentes de Latinoamérica titula el 33,7% y de los procedentes de países africanos el 31,5%. Un segundo indicador abunda en lo mismo: en el curso 2006-07 frente al 4,36% del alumnado total que necesita educación compensatoria, entre los extranjeros es el 16,72%. Finalmente, si consideramos la tasa de idoneidad (% de alumnos que están en el curso que les corresponde por edad) ceñida al alumnado extranjero, a los 12 años nos encontramos un 84,9% escolarizado en cursos inferiores a los que les correspondería por edad, pero a los 15 años sólo quedan en esa situación el 59,2%, un claro indicio del elevado abandono prematuro que se ha producido en esos tres años.

 

CONCLUSIONES

            A la luz de los simples datos considerados más arriba, cabe extraer algunas conclusiones sobre la política de integración de la población extranjera en general y, más en particular, sobre la política educativa -o ausencia de ella- desarrollada por los distintos gobiernos centrales y autonómicos con respecto al alumnado inmigrante. La muy desigual concentración y los datos que apuntan a un elevado fracaso escolar inducen a pensar que las cosas no se están haciendo ni medianamente bien. Es más, de proseguir la actual política de avestruz, se está sembrando el germen de problemas aún más graves de los ya conocidos en otras latitudes.

 

1.- Importancia relativa del porcentaje de alumnos inmigrantes

Los llamados expertos consideran que, a partir de un 3% de población foránea, pueden generarse conflictos específicos si concurren una serie de factores que favorezcan la segregación y la exclusión social. El que llegue a haberlos realmente y su alcance dependerá mucho tanto de las diferencias de lengua y cultura de los que llegan como de la disposición para la acogida y mecanismos de cohesión social arbitrados por los gobiernos. Igualmente, hablan de que un porcentaje de alumnos con necesidades específicas superior al 6% no puede ser atendido e integrado en la escuela con los solos mecanismos de que habitualmente dispone. Más allá de los fundamentos en que basan y cuantifican dichas apreciaciones, está claro que los índices manejados anteriormente superan de largo esos límites, sobre todo en zonas y centros concretos. En consecuencia, si no se arbitran una distribución razonable del alumnado con carencias de inicio en centros y aulas, así como los instrumentos adecuados para superarlas, el fracaso escolar y su extensión están garantizados. Un 10% de población extranjera alcanzada en pocos años en España y su reflejo escolar con un 8,4% de alumnos extranjeros, tienen la suficiente entidad como para exigir atención y medidas específicas si se tiene la voluntad de convertirlos en factores positivos de crecimiento, cohesión y diversidad enriquecedora, y no de marginalidad, rechazo y conflicto.

Como desarrollaremos en otros artículos de este trabajo monográfico, las actuaciones legislativas, tanto en la UE como en España, han estado dirigidas prioritariamente al control, filtro y limitación temporal de la mano de obra extranjera (por lo demás, necesaria para su desarrollo económico), dejando en muy segundo lugar -y en muchos casos, sólo a niveles formales- las medidas imprescindibles para asegurar su integración social y política, como ciudadanos, en un plano de igualdad.

La educación de los hijos de inmigrantes no sólo es un derecho elemental, reconocido en principio por todos los gobiernos, sino un instrumento fundamental para la integración de las nuevas familias llegadas de fuera. Pero el sistema educativo que los recibe debe disponer de los mecanismos adecuados para que la formación e integración de los alumnos extranjeros sea exitosa y no se constituya en elemento de distorsión y degradación del sistema de enseñanza, provocando más marginación y frustración.

La mera concentración del alumnado inmigrante en determinados centros supone, por sí misma, un factor añadido de dificultad para su éxito escolar e integración. Cuando los medios habituales de escolarización y formación resultan insuficientes para resolver nuevos y específicos problemas, la degradación general de los niveles de enseñanza, la huida de los sectores con mayores expectativas a otros centros y la progresiva configuración de guetos está asegurada. Conocemos de primera mano cómo esa huida se produce incluso entre las familias inmigrantes que no se resignan a la marginación y altos índices de fracaso escolar que se produce en tales centros.

El problema no estriba en el simple reparto equitativo de la “carga” entre centros públicos y privados y entre los que están en una misma zona, tema al que se suelen limitar las organizaciones sindicales “progresistas” (con escasa repercusión, como hemos visto). Se trata, más bien, de perfilar y llevar a la práctica las condiciones en que es posible garantizar una adecuada escolarización y el éxito escolar al que tienen derecho todos los alumnos, incluidos los inmigrantes, lo cual, entre otras cosas, exige una adecuada distribución e integración.

 

2.- Diferentes problemas en la escolarización y sus resultados

La heterogeneidad de los alumnos hijos de inmigrantes, invalida desde el inicio cualquier enfoque simplista y simplificador del problema de su escolarización y educación. Entre los inmigrantes en nuestro país, en unos existe la dificultad previa del idioma y otros –como en los latinoamericanos- no. Los hay que vienen de un escolarización adecuada en sus países de origen y otros con serias deficiencias. También existen importantes diferencias entre los distintos sistemas educativos y niveles de formación. Por eso, la simple adscripción a un curso por edad, la ausencia de una eficiente inmersión lingüística o la inclusión generalizada de alumnos extranjeros en los programas de educación compensatoria, sólo pueden augurar el más rotundo fracaso.  

            En otro artículo se abordará el tratamiento que del tema hacen las leyes y la pertinencia o no de la práctica cotidiana que hoy se lleva a efecto en los centros educativos. Pero algunos de los datos recogidos más arriba son significativos al respecto. Aunque los responsables políticos y académicos suelen negar información pormenorizada, por respeto, según dicen, al secreto y confidencialidad de los datos sobre personas y centros, los propios directores de éstos han sacado a la luz porcentajes de concentración escandalosos e inasumibles con los medios puestos a su disposición. La protesta por la flagrante desproporción en la escolarización de alumnos inmigrantes también se ha tenido que repetir cuando en el caso de la Comunidad de Madrid, en contra del argumento de la privacidad de los datos, se han publicado resultados y rankings de centros sin tener en cuenta el porcentaje y deficiencias de origen de los alumnos inmigrantes que escolariza cada uno.

Los problemas de éxito/fracaso escolar tampoco son homogéneos en el conjunto del alumnado extranjero, porque no lo son los distintos colectivos que lo integran. Sabemos, por ejemplo, que el coordinador del área educativa de ATIME (Asociación de Trabajadores Inmigrantes de Marruecos en España) reconocía en 2003 un fracaso escolar del 85% entre los alumnos de su nacionalidad. Es un índice injustificable en cualquier sistema educativo con la voluntad real y los instrumentos necesarios para resolver las dificultades, que indudablemente pueden arrastrar tales alumnos, sin convertirlos a priori en sujetos condenados “naturalmente” al fracaso.

En todo caso, lo señalado más arriba sobre el cuello de botella, que se manifiesta en el porcentaje mucho menor de alumnos que accede a la enseñanza postobligatoria (al Bachillerato, en particular) y el muy superior en relación a su número que termina en Garantía Social, la formación laboral sin titulación en talleres de los programas UFIL o simplemente con la Secundaria Obligatoria en programas de compensatoria (ANCE), es suficientemente indicativo de las limitadas expectativas de formación para los alumnos inmigrantes con las que el sistema educativo se da por satisfecho.

El sentimiento de fracaso y frustración personal, la prolongación por generaciones de la discriminación y marginalidad es todo lo contrario a la integración y cohesión social que dicen buscar nuestros dirigentes políticos. Además de la negación, en la práctica, de derechos individuales y colectivos, antes o después no dejarán de pasar factura al conjunto de la sociedad tal y como, inevitablemente, se está configurando.